"Secretos y mentiras" (1996)
“La peor verdad sólo cuesta un
gran disgusto. La mejor mentira cuesta muchos disgustos pequeños y al final, un
disgusto grande.” (Jacinto Benavente)
El británico Mike Leigh, cineasta y dramaturgo, alcanzó la cúspide de
su trayectoria fílmica con “Secretos y
mentiras”, un recorrido por el torrente de emociones que se desencadena al hilo
de la utilización deliberada de las ocultaciones y embustes que señala
sobriamente el título. Precisamente, el propio Leigh, en esta etapa de su vida,
se vio envuelto en una tormenta perfecta de sentimientos contrapuestos, ya que
en el momento de finalizar la película y empezar a recibir elogios y galardones
por la misma, su mujer le abandonaría como consecuencia de una relación
extramatrimonial iniciada por ésta durante la producción cinematográfica.
Sea como fuere, la propuesta de Leigh es magnífica, muy cercana al
espectador y está sustentada, cómo no podía ser de otro modo, en la sublime
interpretación coral del elenco británico, encabezado, principalmente, por
Brenda Blethyn, en su papel de Cynthia; Timothy Spall, en el rol de su hermano,
Maurice; y también por Marianne Jean-Baptiste, como Hortense, la hija que
finalmente encuentra a su madre biológica.
La claridad de ideas y honestidad profesional de Leigh fueron también
parte del éxito de “Secretos y mentiras”.
En “El mundo según Mike Leigh”, la
brillante biografía del director, escrita por Michael Coveney, éste refleja las
inquietudes del realizador al agradecer los premios por este trabajo: “…su afán, ajeno a cualquier oportunismo,
por mostrar la implacable monotonía y la dureza que caracterizan a la
existencia humana: una campaña personal que ha librado en un ambiente mediático
marcado por la endogamia, las envidias y la fascinación por lo superficial.”
Secretos y mentiras. Imposible imaginar un mundo sin su proliferación.
Que tire la primera piedra quien no haya mantenido un secreto, o voceado
mentiras a los cuatro vientos. Respecto al primer elemento, ya François de La
Rochefoucauld, en el siglo XVII advertía: “Como
pretendes que otro guarde tu secreto si tú mismo, al confiárselo, no lo has
sabido guardar.”
El mundo de los secretos (y de las falsedades), tan presente en el cine
negro (“La dama de Sanghai”, o “Perdición”), y en el de suspense
político (“La vida de los otros”). De
igual forma, se puede encontrar en la literatura más naturalista, por ejemplo, cuando
el narrador de “La Regenta” de
Leopoldo Alas “Clarín”, menciona el fruto recogido en el sacramento de la
confesión por el personaje protagonista, el Magistral: “A más de un liberal de los que renegaban de la confesión auricular,
hubiera podido decirle las veces que se había embriagado, el dinero que había
perdido al juego, o si tenía las manos sucias o si maltrataba a su mujer, con
otros secretos más íntimos.”
¿Y qué decir de la mentira? Una vez más, Billy Wilder, en “El gran carnaval” despliega su
genialidad para plantear una oportunista, pero dramática mentira a partir de
una desgracia humana. Igualmente, Jim Carrey, a través de su personaje de
Truman Burbank, vive una gran mentira en esa soberbia fábula que es “El show de Truman”. En cualquier caso, siempre han estado ahí los
sabios griegos, los primeros que se anticiparon con sus reflexiones a todo lo
que estaba por venir. En “La República”,
Platón lo borda, cuando le hace decir a Sócrates: “- ¿No sabes -interrogué- que la verdadera mentira, si es lícito emplear
esta expresión, es algo odiado por todos los dioses y hombres? (…) Y lo que
quiero decir yo es que ser y estar engañado en el alma respecto a la realidad y
permanecer en la ignorancia, y albergar y tener albergada allí la mentira es
algo que nadie puede soportar de ninguna manera y que detestan sumamente todos
cuantos lo sufren.”
Javier Cercás, en su libro “El
impostor”, hace un repaso de la figura controvertida de Enric Marco, un
individuo que vivió creando mentiras que fue desarrollando con plena convicción
de su autenticidad. Cercás incluye, a su vez, la alusión al estremecedor relato
de Emmanuel Carrère en su obra “El
adversario”, en el que un ciudadano francés hizo de la mentira su modus vivendi y que llegó a su conclusión
con un trágico desenlace, éste sí, desgraciadamente verdadero.
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