“La ruta del tabaco” (1941)
He aquí uno de los trabajos menos conocidos y analizados del que, para
muchos, es el mejor director de cine de la historia, John Ford. Producido, no
obstante, en pleno apogeo de su etapa más brillante (dos años después de “La diligencia”, y con uno de antelación respecto
a “Las uvas de la ira”), “La ruta del tabaco” supone una incursión
en el escenario decadente de los Estados Unidos tras la crisis económica de
1929, al igual que lo hacía la película mencionada anteriormente, la adaptación
de la novela de John Steinbeck, “Las uvas
de la ira”.
A partir del relato de Erskine Caldwell del mismo título, Nunnally
Johnson escribió el guion para que John Ford rodara, con la producción de la
20th Century Fox, una adaptación menos seria y más cómica que el relato
original de Caldwell. Una obra que llegó a mis manos por recomendación de una pequeña,
pero muy acogedora librería, “El Velo de
Isis”, ubicada en el precioso municipio de Ezcaray (La Rioja). Un encantador
refugio en el que nada más traspasar la puerta, te ves rodeado por muchos
libros y sugestiva música de jazz (¡qué deleite!), todo ello acompañado de
acertados aforismos colocados hábilmente con mucho sentido del detalle.
En “La ruta del tabaco”
intervienen actores ilustres del cine mudo como Marjorie Rambeau y Charley
Grapewin; habituales de Ford, como Ward Bond; y aquellos que empezaban a
despuntar en el mundillo cinematográfico, como Dana Andrews y una bellísima
Gene Tierney.
Sin ninguna reseña efectuada a la película por parte de Tavernier y
Coursodon en su recopilatorio “50 años de
cine norteamericano”; se puede encontrar una breve y negativa referencia en
la completa biografía escrita por Scott Eyman, “Print the legend. La vida y época de John Ford”, en donde se indica
que a Ford le marcó “por un lado, el enorme éxito de la obra de teatro y de la
novela, y por otra por las exigencias de la censura”.
La decadencia de la familia Lester, que vivió tiempos más prósperos con
el cultivo del algodón (desplazado ya por las más rentables hilanderías), queda
retratada de una manera despiadada en el matrimonio desahuciado. Sobre todo, en
el patriarca, con su actitud inamovible y jeremíaca en su modus vivendi, a la
espera siempre de conseguir la tan ansiada semilla y el guano que le permita obtener
suficiente algodón para poder sobrevivir.
Un matrimonio, los Lester, ya mayores, que han ido viendo cómo se han
ido descolgando sus hijos, quedando ellos como supervivientes en un entorno en
el que ya no encuentran el debido acomodo. Algo así a lo que ocurría en el film
de Yasujiro Ozu, “Cuentos de Tokio”,
y unos cuantos años antes en el título de Leo McCarey, “Dejad paso al mañana” (https://lacuriosidadpertinente.blogspot.com/2022/12/dejad-paso-al-manana-1937.html)
También en “En el estanque dorado”,
queda reflejada esa postrera y cómplice relación de largos años. En este caso,
la natural y antológica interpretación de Katharine Hepburn y Henry Fonda hace
más veraz la historia, y supondría, prácticamente, la mejor manera de
despedirse de dos de las personalidades más relevantes del cine clásico
estadounidense.
Para muestra, un botón. Katharine Hepburn, en su papel de Ethel Thayer,
dirigiéndose a su inseparable marido: “Escúchame
Norman, tú eres mi caballero andante de brillante armadura. No lo olvides. Tú
volverás a cabalgar, y yo detrás contigo sujetándome fuertemente. Y así iremos
lejos, lejos, muy lejos.”
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